31 Jan 2017   /   0 comments

Aunque no lo creas, ¡puedes ahorrar cada mes!

Paul

Por difícil que te parezca, ahorrar cada mes es algo factible independientemente de tu nivel de ingresos.

El otro día, mientras discutía sobre ahorro con un conocido, recordé mis tiempos de estudiante y la época en la que tuve que hacer frente a mi préstamo de estudios. Especialmente, cómo logré pagarlo en un plazo récord cuando mis ingresos no eran demasiado elevados. Como comento, mi trabajo era bastante precario, pero aun así mis objetivos para cancelar el préstamo fueron muy agresivos. El resultado fue una amortización completa mucho antes de que expirara el plazo.

¿Cómo lo logré? Básicamente, prestando atención a los pequeños gastos diarios, esas compras de pequeños importes que parece que no afecten demasiado a tu bolsillo, pero que en realidad sí que le afectan. A largo plazo, estos gastos no influirán demasiado en si te conviertes o no en un millonario, pero sí que influyen a la hora de ponerte en el buen camino para afrontar –y pagar- tus deudas.

A menudo creo que la frustración derivada de los recortes en la economía familiar proviene de la percepción errónea de que ya no queda ninguna opción para el ahorro. Al fin y al cabo, no estás viajando de vacaciones a destinos exóticos, no vas a restaurantes con estrellas Michelin ni compras ropa de marca. Y aun así, a final de mes te has quedado sin nada que ahorrar… ¿Qué es lo que ha pasado? Siempre hay alguna conducta que corregir para conseguir ahorrar algo, lo único que ocurre es que todavía no las has detectado. Por eso soy tan tozudo con examinar hasta el más mínimo gasto. Con el análisis detectamos las fugas de nuestro capital mensual y podemos atajarlas.

El problema es que todos solemos incurrir en hábitos de gasto que se arraigan de tal manera en nuestro día a día que no podemos imaginar nuestra vida sin ellos, se nos aparecen como absolutamente imprescindibles. Así, incluso si analizamos nuestros gastos mensuales, este tipo de gastos pueden no levantar la voz de alarma y pasar desapercibidos. O pueden ser tan pequeños que ni se nos ocurra reducirlos aún más. Si todo esto te suena familiar, tengo algunas preguntas que hacerte antes de que vuelvas a afirmar “no tengo de dónde ahorrar dinero” una vez más:

¿Es realmente necesario?

Muchos de nosotros bebemos café, a la mayoría de nosotros nos encanta el que sirven en Starsbuck. Pero realmente ¿Es necesario que lo compres ahí? Yo también soy un adicto al café y me gusta especialmente el de Starsbuck, pero si saco cuentas y voy un par de veces por semana me daré cuenta de que representan un buen mordisco a mi presupuesto mensual en alimentación, un gasto de entre 35 y 50 euros cada mes. ¿No suena más económico prepararse el café uno mismo en casa?

¿Está más barato en otro lugar?

El antagonista del gasto consciente y calculado es la compra impulsiva. Si ves algo que necesitas pero no habías planeado dicha compra, evita siempre hacerla en caliente. En lugar de eso, visita el barrio y entra en diferentes tiendas. Compara precios y asegúrate de que estás pagando lo mínimo por esa necesidad. Con un poco de investigación, lograrás ahorrar cerca de un veinte por ciento en el mismo –o similar- artículo.

¿Lo necesito ahora mismo?

Es posible –y totalmente comprensible- que necesites algo, pero ¿realmente lo necesitas en este mismo momento? Pongamos un ejemplo. Mi mujer y yo llevamos nueve años casados. En nuestra terraza nos encantaría instalar una barbacoa, de hecho llevamos años con eso en nuestra lista de deseos. Pero la barbacoa puede esperar. Mientras tanto, nos apañamos con una pequeña barbacoa portátil que costó tan sólo 15 euros ¡y nos sirve! Finalmente, mi mujer encontró una muy buena oferta en invierno y me la regaló. Tras años de espera, hemos aprendido a valorar mucho más nuestras barbacoas en la terraza.

¿Puedo sustituirlo por alguna otra cosa?

A menudo podemos sentir la necesidad de comprar un artículo cuando, en realidad, nos bastaría con algo parecido pero más barato. A nosotros nos ha pasado con los muebles y la decoración de nuestro piso. Un presupuesto muy ajustado nos ha obligado a ser más creativos y, la verdad, es que el resultado no ha sido malo.

¿Me lo puedo permitir?

Una compra futura ¿va a afectar a mis objetivos de ahorro? Incluso si la compra que tienes en mente ya ha superado las preguntas anteriores, llega la más importante. ¿Te lo puedes permitir? Es una pregunta clave, ya que en ocasiones –aunque la necesidad sea legítima- no vas a poder permitirte ese gasto. Pero el simple hecho de plantearte esta pregunta te va a obligar a buscar alternativas más económicas antes de gastar tu dinero.

 

Siempre queda algún rinconcito del que rascar un poco para ahorrar a final de mes. Y aunque sólo sean unos eurillos por aquí y otros por allí, día tras día pueden sumar unos cientos de euros cada mes. Y ese dinero ahorrado puede ser la base de tu plan de ahorro o puedes utilizarlo para empezar a afrontar y cancelar deudas.

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